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Desde el punto de vista de un observador: donde las vulnerabilidades sucumbieron ante las voluntades de la comunidad

Imagen de un bote en aguas poco profundas y claras Barangay San Ildefonso, Filipinas Foto: Mohammad Abdur Rouf

Factores como la lejanía, la falta de una red celular, la falta de médicos locales y de educación después del sexto grado no son un obstáculo para que la gestión del riesgo de desastres basada en la comunidad sea efectiva en una comunidad local, informa Samuel Peter de Hábitat para la Humanidad, India. Hace poco visitó la pequeña comunidad filipina de San Ildefonso como parte de un programa de intercambio de gestión del riesgo de desastres basada en la comunidad entre India y Filipinas.


El programa de intercambio de gestión del riesgo de desastres basada en la comunidad se llevó a cabo del 21 al 24 de octubre, donde un grupo de profesionales de la gestión comunitaria del riesgo de desastres (CBDRM por sus siglas en inglés) de la India visitó una comunidad lejana en el extremo noreste de Luzón Central, Filipinas. Facilitado por la Red Global de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Reducción de Desastres (GNDR) y coordinado por el Centro de Preparación para Desastres (CDP, por sus siglas en inglés), miembro y punto focal nacional de Filipinas, este programa de intercambio fue parte de un programa de investigación de acciones de tres años de duración, financiado generosamente por USAID OFDA.

Nos vimos obligados a reprogramar las fechas de esta visita tres veces, la segunda debido al ciclón Mangkhut, cuando su llegada coincidió con las fechas previstas de nuestra visita. En el 2014, el Informe mundial sobre desastres clasificó a Filipinas como el segundo país más vulnerable a los desastres. El país se encuentra en el Cinturón de Fuego del pacífico, donde se produce el 80% de los terremotos. Alrededor de 20-25 tifones azotan el país cada año, causando la pérdida de vidas y millones de pesos en daños a la infraestructura y a los medios de subsistencia. Hay aproximadamente 220 volcanes conocidos en todo el país, de los cuales al menos 22 se consideran activos.

Solamente se puede llegar al barangay San Ildefonso, una parte de la Municipalidad de Casiguran en la Provincia de Aurora y donde fuimos para esta visita, después de un viaje de 90 minutos en pequeños botes rurales. Este Barangay (pueblo en lengua filipina) distante se encuentra en medio del Océano Pacífico y sólo está habitado por 310 familias. Aunque actualmente se está discutiendo el establecimiento de la «Zona Económica del Pacífico de Aurora», Casiguran sigue figurando en la lista de los 20 municipios más subdesarrollados del país. El barangay San Ildefonso con terreno montañoso sólo tiene una pequeña parcela de tierra cultivable, que no sirve para producir arroz para más de 5 familias. Como resultado, la pesca estacional es el único medio de vida disponible para sus habitantes. Con respecto a la agricultura, hay cocoteros y bananos en las montañas, pero no aportan ventaja competitiva ya que estos dos productos se producen en abundancia en todo el país y tienen poco valor económico. La comunidad tiene un acceso muy limitado a los servicios de salud y educación: un pequeño centro de salud sin médico y una escuela primaria que sólo puede ofrecer educación hasta el sexto grado. La comunidad depende por completo de los productos y servicios del continente, a los que sólo se puede acceder después de un viaje agitado de dos horas a través del Océano Pacífico. No hay tiendas en la isla. En esta era del siglo XXI, no hay una red celular, y mucho menos Internet en esta comunidad.

Sí, leyó bien: los visitantes estuvieron completamente desconectados de sus perfiles de Facebook y de la mensajería a través de WhatsApp durante todo el tiempo que duró la visita. Pero cuando se trata de la preparación para desastres, el Barangay San Ildefonso brilla con luz propia. A pesar de todas las carencias y desafíos debido a sus atributos geográficos y sociales, la comunidad decidió no ceder ante los caprichos de la naturaleza. En el 2008, Alay Bayan-Luson, Inc. (ABI), un centro regional del Centro Ciudadano de Respuesta a Desastres, inició en esta comunidad un programa comunitario de Reducción del Riesgo de Desastres y capacitó a sus miembros en diferentes aspectos, incluyendo pero no limitándose a, preparación para desastres, respuesta de emergencia, primeros auxilios, etc. También ayudaron a la comunidad a formar diferentes grupos especializados y le enseñaron a mantenerlos en funcionamiento. ABI dejó formalmente la comunidad en el 2011, después de la finalización del proyecto. Pero hoy, después de 7 largos años sin apoyo externo y numerosos desastres de diversa índole, los grupos siguen siendo fuertes y funcionan con plena eficacia.

Como parte de su preparación para desastres, la comunidad ahora tiene cuatro comités distintos, a saber, el Comité de Salud, el Comité de Educación, el Comité de Respuesta a Emergencias y el Comité de Incidencia y Trabajo en Red. Estos comités son permanentes y trabajan en estrecha colaboración tanto durante los desastres como fuera de ellos. Todos ellos trabajan bajo la dirección de SIDMA (por sus siglas en inglés correspondientes a Organismo de Gestión de Desastres de San Ildefonso), una organización que el pueblo creó para garantizar una estrecha colaboración entre los comités. Con funciones y responsabilidades claramente definidas, estos comités tratan de garantizar que la comunidad esté preparada para todos los desastres y perturbaciones que ocurren de forma imprevista. Se les mostró a los visitantes los mapas actualizados de amenazas, los mapas de vías de evacuación, los planes de contingencia, etc. Los visitantes también quedaron encantados con su presentación teatral sobre cómo el Comité de Educación difunde la alerta temprana, cómo el Comité de Respuesta a Emergencias asegura la evacuación, y cómo el Comité de Salud mide la presión arterial y proporciona remedios herbales a los evacuados afectados cuando es necesario.

Los visitantes tuvieron un viaje difícil para llegar al barangay San Ildefonso. Se nos pidió que condujéramos durante 11 horas por carreteras de montaña, junto con un viaje en bote de 90 minutos por el océano y 15 minutos de viaje en triciclo. Pero todo se sintió como una inversión sabia cuando dejamos la comunidad con conocimiento y entendimiento renovados sobre cómo una comunidad puede reducir todas sus vulnerabilidades si se une y decide trabajar en contra de ellas. La comunidad que visitamos todavía necesita recorrer un largo trecho para volverse resiliente, pero va por el buen camino porque su preparación está muy arraigada y es propiedad de los miembros de la comunidad.

Escrito por Mohammad Abdur Rouf.

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