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¿Cómo hacemos realidad nuestro objetivo de lograr un desarrollo informado por el riesgo?

Por Shivangi Chavda

En este momento, nos enfrentamos a un conjunto complejo de desastres que están surgiendo junto con la COVID-19; y los enfoques habituales de la gestión de riesgos no están a la altura.

En África Oriental y Pakistán; vimos a los países luchar contra la COVID 19 y contra las nubes de langostas que devastaron sus cultivos. Mientras tanto, los países de Asia sudoriental y el Pacífico se ocupaban de los ciclones, además de la COVID.

Estos desastres que se suman a la COVID están destrozando las estrategias convencionales de planificación y gestión de riesgos. Un refugio contra ciclones construido para albergar a 500 personas que no pueden mantener la distancia ahí dentro, no las protege por completo. Las medidas de confinamiento que impiden que la gente trabaje reducen los ingresos; las plagas simultáneas de langostas reducen el rendimiento de los cultivos y aumentan los precios de los alimentos.

Muchas comunidades ya estaban en la primera línea de los desastres antes de la COVID-19; ahora el riesgo que enfrentan se ha agravado. En resumen, la resiliencia está en peligro. Se están perdiendo los avances previos de desarrollo. Es posible que las comunidades no puedan recuperarse a menos que las medidas estén informadas por los riesgos múltiples a los que se enfrentan. Esto es un desarrollo informado por el riesgo. 

Visión de Primera Línea

Nuestro informe de Visión de Primera Línea destaca nueve razones por las cuales la gente sigue perdiendo sus vidas y medios de vida a causa de los desastres. Esto se concluye a partir de encuestas realizadas a casi 99.000 personas en 44 de las comunidades en mayor situación de riesgo del mundo. 216 organizaciones han trabajado para que las comunidades, los gobiernos locales y las OSC participaran en la recolección de los datos.

Las nueve conclusiones a las que hemos llegado a nivel mundial permiten comprender algunas de las causas subyacentes del riesgo más comunes: las comunidades suelen quedar excluidas de la toma de decisiones; los proyectos de desarrollo rara vez tienen en cuenta los riesgos a los que se enfrentan las comunidades; se dispone de pocos fondos a nivel local; y las responsabilidades no se asignan de forma adecuada en los gobiernos locales.

Entonces, ¿cómo cambiamos las cosas? El análisis de los datos de la encuesta sugiere tres enfoques para lograr un desarrollo informado por el riesgo: la inclusión, la coherencia y la adaptabilidad.

1. Inclusión

Un enfoque inclusivo considera la experiencia de diferentes grupos de personas. Las amenazas a las que se enfrentan las personas y las barreras que deben superar suelen ser diferentes, así como su capacidad para hacer frente a ellas. La planificación y la gestión de los riesgos deben tener en cuenta estas diferencias.

Un análisis de riesgos sólido es la clave para un desarrollo informado por el riesgo. Los datos deben estar desglosados, poner el foco en las personas, ser imparciales y accesibles. Los datos de Visión de Primera Línea se pueden desglosar (por edad, género, discapacidad, y zona de residencia rural o urbana) para cada comunidad.

Si no se tienen en cuenta las voces de las personas en mayor situación de riesgo, las comunidades marginadas seguirán siendo afectadas de manera desproporcionada por las amenazas, entre ellas, la COVID-19. 

2. Coherencia

Salir de una crisis para dar lugar a otra, ya no será una forma válida de abordar estos desastres complejos. Estas situaciones no permiten elegir: no se puede responder a un desastre y no a otro.

Para salvar vidas y medios de vida se requiere que la planificación y la gestión de los riesgos sean coherentes para las personas que se enfrentan a esas amenazas múltiples.

Los datos y observaciones históricos no pueden guiarnos hacia las evaluaciones y los análisis del riesgo correctos. Debemos tener en cuenta la interconexión de los desastres, el cambio climático y las vulnerabilidades subyacentes de las comunidades.

La coherencia a nivel local significa adoptar medidas que aborden amenazas múltiples en forma simultánea, basándose en las perspectivas de las personas en mayor situación de riesgo, entre ellas el gobierno local y otras partes interesadas.

En el plano nacional debe haber coordinación: los diferentes departamentos deben coordinar sus actividades para que no haya duplicación, o para que una actividad no obstaculice a otra. 

3. Adaptabilidad

Las amenazas y el riesgo que ocasionan pueden cambiar rápidamente. El cambio climático está haciendo que los fenómenos climáticos extremos sean cada vez más frecuentes y más intensos. Es posible que las comunidades no puedan hacer frente a la situación a menos que puedan mejorar su capacidad de adaptación.

Desastres sin precedentes como la COVID-19 nos muestran las falencias de nuestro enfoque: no sólo el hecho de que no se haya percibido el riesgo, sino también la medida en la cual esta amenaza ha resultado en una crisis socioeconómica a gran escala.

La planificación y la gestión de los riesgos deben ser más dinámicas y adaptables, de forma tal que las comunidades se recuperen mejor y más rápido.

En nuestro programa Visión de Primera Línea, las conclusiones que cada comunidad singular extrae de sus datos se utilizan para crear un plan de acción local coherente con el objetivo de desarrollar su capacidad de adaptación para hacer frente al entorno dinámico en el que viven.

El impacto de la COVID-19 ha demostrado que un enfoque inclusivo, coherente y adaptable del análisis y la gestión de riesgos es fundamental para la reducción de la pérdida de vidas y de medios de vida.

Visión de Primera Línea demuestra que el desarrollo informado por el riesgo es posible si se incluye a las comunidades en mayor situación de riesgo. Los datos sólidos recopilados de las comunidades en mayor situación de riesgo son la clave para hacer realidad nuestra aspiración de un desarrollo sostenible e informado por los riesgos.

 

Shivangi Chavda es la coordinadora del programa Visión de Primera Línea de GNDR. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la implementación de programas de RRD y ACC.

 

Foto (arriba): Una enfermera consulta con un paciente en el estado rurual de Akwa Ibom, Nigeria, durante el Covid-19. Crédito: Yvonne Etinosa

Foto (arriba): Vistas de los participantes de primera línea en el estado de Odisha, India. Crédito: Sarika Gulati

 

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